jueves, 29 de agosto de 2013

EL PODER DE LA TIERRA - 300813


Por German Alberto
EL PODER DE LA TIERRA

En las redes sociales, vi un panfleto virtual que decía algo así: “La última vez que en un agosto se emberracaron los Boyacos, obtuvimos independencia”. Y al parecer la furia bajo esas ruanas logrará que se precipite la corrección de una inequidad pre-existente, viabilizando la producción agrícola mediante reducción de los precios de fertilizantes, el desarrollo de algunas salvaguardias y ayudas financieras para el productor.

Debido a este episodio, quise hacer un recorrido histórico por el mundo agrario, epicentro de las luchas de poder en nuestro país. Desde que en Boyacá se consiguió la independencia de la colonia española, ha habido siempre un desequilibrio inquebrantable en la repartición de la tierra en Colombia, que ha generado por lustros discusiones acerca de la tenencia. Fue solo, hasta el gobierno liberal de Lopez Pumarejo en 1936, cuando se reconoció a los poseedores, arrendatarios y aparceros el derecho a reclamar las tierras que venían trabajando, por encima de los intocables terratenientes de la colonia. Luego de la violencia de los 50s fue Alberto Lleras Camargo quien volvió a hacer un esfuerzo en busca de disminuir el crítico problema de la distribución de la tierra, promulgando la ley 135 de 1961 que dio nacimiento al Instituto Colombiano de Reforma Agraria (INCORA), ley inspirada en el “principio del bien común y en la necesidad de extender a sectores cada vez más numerosos de la población rural colombiana el ejercicio del derecho natural a la propiedad, armonizándolo en su conservación y uso con el interés social”. Hubo dos corrientes enfrentadas en su momento; una que minimizaba el “problema” de la tenencia y enfatizaba en la necesidad de mejorar la producción y productividad; y la segunda que lideraba el presidente Lleras con argumentos de justicia social, que llevaría al crecimiento de clase media y por consiguiente al crecimiento de consumo interno. (Dicen que hay que leer la historia para evitar repetirla, y la primera corriente me suena a Carimagua y AIS).

Las guerrillas colombianas que surgieron a mediados de los 60s, han usado un discurso mentiroso de la inequidad, pues a largo plazo, las guerrillas han demostrado agenciar procesos de desplazamiento forzoso de la población rural, pero nunca un proceso de cambio social ni de emancipación popular.

En el 72, Misael Pastrana para congraciarse con los Oligarcas terratenientes tumbó la ley 135 en el famoso Pacto de Chicoral. A renglón seguido nace la siguiente reforma agraria, la de los “Mágicos”, bajo la permisividad de un decenio bajo López y Turbay (que tuvo replica de elefante), estimulada por la generosa irrigación de dinero a quienes negociaban con ellos desde la legalidad. La última reforma agraria estuvo a cargo de los grupos paramilitares, quienes ejercieron el control político y territorial de varios departamentos de Colombia, además de los campos de cultivo de coca, sus laboratorios y las rutas de exportación; con el beneplácito del 25% del congreso….

Los posibles desenlaces de la agitada coyuntura política actual, en medio de una nueva reforma agraria cocinada en la habana y los efectos de los TLCs firmados con el mundo, son inciertos. Confío en el talante liberal del actual gobierno. Pero se reafirma una vez más el poder de la tierra.

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