LA PAZ ES SUSTANTIVA
Según la historia de los Estados
Unidos de América, la esclavitud fue abolida en 1865 luego de la guerra de
secesión mediante la tercera enmienda. Pero fue solo hasta el movimiento por
los derechos civiles soportado por los presidentes JF. Kennedy y L. Jonhnson que
se logra firmar en 1964 una ley que elimina la práctica de la segregación
racial en el país del norte.
Si de segregación hablamos, ni que decir de la guerra
producto de la bestialidad de un “ser superior”, que soñó con abolir de un tajo
a los judíos y los gitanos. El holocausto nacido del racismo nazi.
Hoy estamos ante el inevitable final de los días de Nelson
Mandela, líder surafricano que lucho por la abolición del apartheid que en
idioma afrikáner significa segregación. Encarcelado 27 años por defender sus
ideas de igualdad y democracia, hoy es referente de paz y reconciliación. El
apartheid propiamente dicho se inició en 1948 con la toma del poder por parte
del Partido Nacional. Este partido decidió implantar un régimen racista que
consolidara el poder de la minoría blanca e impidiera el mestizaje de la
población. Con ese fin sancionó en 1949 la Ley de Prohibición de Matrimonios
Mixtos, que prohibió los matrimonios de personas consideradas
"blancas" con personas consideradas "no blancas". En fin,
una minoría limitando los derechos de la mayoría negra.
En Colombia hoy discutimos todavía si la paz negociada es la
salida o si debemos seguir en la guerra fratricida que nos lleve a eliminar de
un tajo a nuestro adversario. No olvidemos que la causa de nuestra guerra es la
misma de las que se leen en la historia universal, procesos de segregación
social. Elementos de la historia muestran que hubo un momento en Colombia en el
cual una minoría decidió repartirse el poder y las oportunidades; firmando
el pacto de Benidorm el 24 de julio de 1956, se dio inicio al Frente
Nacional donde los “partidos tradicionales” decidieron unilateralmente se
turnarían la presidencia y se repartirían la burocracia a los diferentes
niveles de gobierno en partes iguales hasta 1974. Eliminaron la democracia,
segregaron socialmente a Colombia y alentaron a los inconformes a las vías de
hecho. Nacieron las guerrillas y últimamente los paramilitares para suplir al
estado en la impartición de justicia a mano propia, dando como resultado el capítulo
más sangriento y salvaje de la historia del país.
Si no entendemos nuestra historia estamos abocados a
repetirla. En contraposición de los pensadores del medioevo como el señor
procurador, soy un firme convencido de la paz negociada. Es momento de la
reconciliación nacional, tenemos la necesidad de enfrentar el mundo globalizado
con una Colombia socialmente incluyente. Me es claro que, si el dinero y los
esfuerzos que hemos gastado en la guerra los últimos 50 años, los hubiera
destinado Colombia en la educación de su pueblo, la infraestructura vial y de
puertos y el desarrollo de la frontera agropecuaria con competitividad
referencial, los libros contendrían otra realidad y tendríamos hoy la
posibilidad de incrustarnos en el mercado mundial con mayores probabilidades de
éxito. La disyuntiva es enfrentarnos a una paz imperfecta o la guerra. Para mí
la paz es sustantivo, no circunstancial, confío en el equipo negociador y lo
refrendaré en los próximos comicios.
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