jueves, 5 de septiembre de 2013

LA PAZ ES SUSTANTIVA - 060913

Por Germán Alberto

LA PAZ ES SUSTANTIVA

Según la historia de los Estados Unidos de América, la esclavitud fue abolida en 1865 luego de la guerra de secesión mediante la tercera enmienda. Pero fue solo hasta el movimiento por los derechos civiles soportado por los presidentes JF. Kennedy y L. Jonhnson que se logra firmar en 1964 una ley que elimina la práctica de la segregación racial en el país del norte.

Si de segregación hablamos, ni que decir de la guerra producto de la bestialidad de un “ser superior”, que soñó con abolir de un tajo a los judíos y los gitanos. El holocausto nacido del racismo nazi.

Hoy estamos ante el inevitable final de los días de Nelson Mandela, líder surafricano que lucho por la abolición del apartheid que en idioma afrikáner significa segregación. Encarcelado 27 años por defender sus ideas de igualdad y democracia, hoy es referente de paz y reconciliación. El apartheid propiamente dicho se inició en 1948 con la toma del poder por parte del Partido Nacional. Este partido decidió implantar un régimen racista que consolidara el poder de la minoría blanca e impidiera el mestizaje de la población. Con ese fin sancionó en 1949 la Ley de Prohibición de Matrimonios Mixtos, que prohibió los matrimonios de personas consideradas "blancas" con personas consideradas "no blancas". En fin, una minoría limitando los derechos de la mayoría negra.

En Colombia hoy discutimos todavía si la paz negociada es la salida o si debemos seguir en la guerra fratricida que nos lleve a eliminar de un tajo a nuestro adversario. No olvidemos que la causa de nuestra guerra es la misma de las que se leen en la historia universal, procesos de segregación social. Elementos de la historia muestran que hubo un momento en Colombia en el cual una minoría decidió repartirse el poder y las oportunidades; firmando el pacto de Benidorm el 24 de julio de 1956, se dio inicio al Frente Nacional donde los “partidos tradicionales” decidieron unilateralmente se turnarían la presidencia y se repartirían la burocracia a los diferentes niveles de gobierno en partes iguales hasta 1974. Eliminaron la democracia, segregaron socialmente a Colombia y alentaron a los inconformes a las vías de hecho. Nacieron las guerrillas y últimamente los paramilitares para suplir al estado en la impartición de justicia a mano propia, dando como resultado el capítulo más sangriento y salvaje de la historia del país.


Si no entendemos nuestra historia estamos abocados a repetirla. En contraposición de los pensadores del medioevo como el señor procurador, soy un firme convencido de la paz negociada. Es momento de la reconciliación nacional, tenemos la necesidad de enfrentar el mundo globalizado con una Colombia socialmente incluyente. Me es claro que, si el dinero y los esfuerzos que hemos gastado en la guerra los últimos 50 años, los hubiera destinado Colombia en la educación de su pueblo, la infraestructura vial y de puertos y el desarrollo de la frontera agropecuaria con competitividad referencial, los libros contendrían otra realidad y tendríamos hoy la posibilidad de incrustarnos en el mercado mundial con mayores probabilidades de éxito. La disyuntiva es enfrentarnos a una paz imperfecta o la guerra. Para mí la paz es sustantivo, no circunstancial, confío en el equipo negociador y lo refrendaré en los próximos comicios.

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